Por qué comprar un juguete sexual ya no debería parecer un delito

Análisis

Era un huevo Tenga. De un solo uso, del tamaño de un puño. Lo compré en una tienda oscura de Cartagena, de esas que existían antes de que el mundo se normalizara un poco. Nadie te miraba a los ojos, tú tampoco mirabas a nadie, y el ambiente completo te hacía sentir que estabas haciendo algo ilegal. Pagué en efectivo. Salí pitando. Llegué a casa y pensé: oye, esto mola.

Aquello fue mi entrada al mundo de los juguetes sexuales masculinos. Tarde, probablemente. Pero entré.

Le di una lavadita y le saqué un segundo uso. No lo hagáis. No está diseñado para eso y os podéis pillar una infección que no merece la pena. El juguete vale siete euros, la visita al médico bastante más, y la vergüenza de explicar qué pasó no tiene precio. Aquello era ignorancia mía, no un truco de ahorro.

Con el tiempo fui probando más cosas. Los huevos desechables de Tenga se convirtieron en mis favoritos, la verdad. Son cómodos, discretos, fáciles. El problema es el ruido. No llevan vibración ni nada mecánico, es el propio movimiento, el efecto succión, el aire. Un sonido completamente normal, nada extraordinario. Pero si no estás inspirado, si la cabeza no acompaña, ese sonido no ayuda. Es de esas cosas que solo molestan cuando ya algo no va bien.

El Air Flow Cup es otra cosa. Es el hermano mayor de aquellos huevos, más estructurado, más pensado. Tiene forma de reloj de arena, lo que hace que se sujete bien en la mano. Viene ya lubricado por dentro, no tienes que preparar nada ni buscar un bote a mitad de camino. Abres, insertas, y ya está funcionando desde el primer momento.

La sensación es de estrechamiento progresivo. Hay capas, texturas distintas, no es un tubo uniforme. A mí me apretaba bastante, que dependiendo del día puede ser exactamente lo que buscas o demasiado. Es de esas cosas que varían. El agujerito de arriba controla la succión: lo tapas con el dedo y aumenta la presión, lo dejas abierto y es más suave. Ese detalle pequeño da bastante control sobre la experiencia.

¿Ruido? Algo menos que los huevos clásicos. No es silencioso del todo, pero es más discreto.

Es de un solo uso. Esta vez sin lavadita, sin segundas vueltas. Lo usas y listo.

Mi nota: un 7 sobre 10. Consigue el objetivo, está bien construido, el lubricante incluido es un acierto. Me gusta más la sensación de los huevos clásicos, pero esto tiene más cuerpo y más control. Para alguien que quiere dar el primer paso sin gastarse mucho ni complicarse, es una buena opción.

Lo tienes en Toyslove.net o en la tienda física de Toyslove en Lorca si prefieres verlo antes de comprarlo. Sin fluorescentes, sin caras raras. Eso también ha cambiado desde Cartagena.

El primer paso siempre es el más raro. Luego ya no lo es tanto.

Análisis

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
Tienes que aprobar los términos para continuar